Quiero dedicar este tema a todos los que votaron hace unos días...
Con ustedes, los chicos que hicieron todas las entradas de todas las franquicias de CSI...
The Who!
miércoles 10 de junio de 2009
martes 26 de mayo de 2009
Guía
Se sentó en la hierba, cruzando los brazos sobre sus rodillas. Separó los dedos de sus pies descalzos, notando como la humedad del suelo empapaba sus vaqueros, y el espacio entre los dedos de sus pies.
Aspiró con fuerza por la nariz, el olor de la tierra húmeda invadió sus sentidos. Los insectos nocturnos estaban comenzando a salir de sus escondites, y con ellos el silencio fue cambiado por su particular sinfonía nocturna de chirridos, zumbidos y pitidos. Entrecerró los ojos y pudo distinguir lo que creyó unas luciérnagas flotando entre los árboles de su derecha.
Rebuscó en el bolsillo de su pantalón y sacó un paquete de cigarrillos arrugado. Extrajo un cigarrillo de su interior, lo colocó entre sus labios y lo encendió.
Fumó sin ninguna prisa, y exhaló el humo por uno de los agujeros de su nariz, ya que el otro estaba bloqueado por una fea fractura de los huesos propios de la nariz (para que algunos digan que el deporte es sano).
Casi reprendiéndole, su amiga le rozó el exterior del pie, pellizcándole con su boca. Estiró su mano, y rascó con fuerza su concha. Ella hizo lo que siempre hacía: se estiró sobre sus patas traseras y se movió a derecha e izquierda, de forma que así aquellos dedos rascarían las placas más exteriores de su concha.
Se incorporó y la sonrió, enseñando su particular e irregular sonrisa. Apuró al cigarrillo una última calada y lo apagó minuciosamente contra una piedra, guardando luego la colilla en un bolsillo, así podría tirarla en una papelera. Miró hacia abajo y habló a su amiga.
-De acuerdo entonces. Pongámonos en marcha.
Se agachó y cogió ocho piedras del suelo para volverlas a colocar, rodeando con ellas a su amiga. Hecho esto, la levantó, de forma que hicieron contacto visual. Ella lanzó un resoplido por los agujeros de la nariz.
-Bueno vieja, escoge tú la dirección del camino.
Y dicho esto la colocó dentro de la rosa de los vientos formada por las ocho piedras.
Aspiró con fuerza por la nariz, el olor de la tierra húmeda invadió sus sentidos. Los insectos nocturnos estaban comenzando a salir de sus escondites, y con ellos el silencio fue cambiado por su particular sinfonía nocturna de chirridos, zumbidos y pitidos. Entrecerró los ojos y pudo distinguir lo que creyó unas luciérnagas flotando entre los árboles de su derecha.
Rebuscó en el bolsillo de su pantalón y sacó un paquete de cigarrillos arrugado. Extrajo un cigarrillo de su interior, lo colocó entre sus labios y lo encendió.
Fumó sin ninguna prisa, y exhaló el humo por uno de los agujeros de su nariz, ya que el otro estaba bloqueado por una fea fractura de los huesos propios de la nariz (para que algunos digan que el deporte es sano).
Casi reprendiéndole, su amiga le rozó el exterior del pie, pellizcándole con su boca. Estiró su mano, y rascó con fuerza su concha. Ella hizo lo que siempre hacía: se estiró sobre sus patas traseras y se movió a derecha e izquierda, de forma que así aquellos dedos rascarían las placas más exteriores de su concha.
Se incorporó y la sonrió, enseñando su particular e irregular sonrisa. Apuró al cigarrillo una última calada y lo apagó minuciosamente contra una piedra, guardando luego la colilla en un bolsillo, así podría tirarla en una papelera. Miró hacia abajo y habló a su amiga.
-De acuerdo entonces. Pongámonos en marcha.
Se agachó y cogió ocho piedras del suelo para volverlas a colocar, rodeando con ellas a su amiga. Hecho esto, la levantó, de forma que hicieron contacto visual. Ella lanzó un resoplido por los agujeros de la nariz.
-Bueno vieja, escoge tú la dirección del camino.
Y dicho esto la colocó dentro de la rosa de los vientos formada por las ocho piedras.
sábado 18 de abril de 2009
Lejos
Llevaba allí un largo rato sentado. Hacía casi dos horas que había anochecido, y en aquel lugar todo era distinto.
Se sentía alejado de la civilización, pero, no por distancia física. Era una distancia psíquica. Allí todo era extraño, casi alienante.
La recordó a ella, con sus mejillas llenas, sus ojos pequeños, vivarachos y aquella nariz tan personal. Se la imaginaba haciendo una vida normal, ajena a toda aquello por lo que estaba pasando.
Se acurrucó un poco más dentro de su capote, añorando una fogata que caldeara su cuerpo, pero claro en aquella zona estaba prohibido hacer fuego.
Levantó la cabeza y miró al pequeño manto de estrellas. Tan lejos de las luces y la polución de las ciudades, podía verlas todas con nitidez. Sabía que se habían hecho para él.
Se incorporó y se dirigió hacia el Patrol. Era hora de volver al cuartelillo.
Se sentía alejado de la civilización, pero, no por distancia física. Era una distancia psíquica. Allí todo era extraño, casi alienante.
La recordó a ella, con sus mejillas llenas, sus ojos pequeños, vivarachos y aquella nariz tan personal. Se la imaginaba haciendo una vida normal, ajena a toda aquello por lo que estaba pasando.
Se acurrucó un poco más dentro de su capote, añorando una fogata que caldeara su cuerpo, pero claro en aquella zona estaba prohibido hacer fuego.
Levantó la cabeza y miró al pequeño manto de estrellas. Tan lejos de las luces y la polución de las ciudades, podía verlas todas con nitidez. Sabía que se habían hecho para él.
Se incorporó y se dirigió hacia el Patrol. Era hora de volver al cuartelillo.
viernes 20 de marzo de 2009
martes 17 de marzo de 2009
Cena
Se asomó a la ventana. El sol había caldeado el aire lo bastante, y, a pesar de que estaba anocheciendo una brisa cálida subía por la ventana que daba al patio, haciendo ascender con ella el aroma de las cocinas de sus vecinos.
Sacó la cabeza por la ventana, y estirando un poco el cuello respiró profundamente, intentando llenar sus fosas nasales de todos aquellos aromas que esa brisa le regalaba.
'Hmmmmm...'- pensó para sí -'¡Croquetas!'- su mente se recreó en las últimas croquetas caseras que había comido...Hacía tanto que no las probaba...
Respiró de nuevo.
'¡Ugh!'- Pensó, al tiempo que arrugaba la cara - 'Alguien está cociendo berza...'
Respiró hondo una vez más.
'Ooh'- Alguien hacía un pastel...
Sonriendo, casi sentía que podía paladearlo todo. Se apartó con la ventana y estirando el brazo la cerró muy despacio, como si no quisiera perturbar aquella sinfonía de olores.
De repente el sonido del teléfono le devolvió a la cocina.
-'¿Sí? ¡Hola! Hehehe...No te preocupes mamá... Ya he cenado.'
Sacó la cabeza por la ventana, y estirando un poco el cuello respiró profundamente, intentando llenar sus fosas nasales de todos aquellos aromas que esa brisa le regalaba.
'Hmmmmm...'- pensó para sí -'¡Croquetas!'- su mente se recreó en las últimas croquetas caseras que había comido...Hacía tanto que no las probaba...
Respiró de nuevo.
'¡Ugh!'- Pensó, al tiempo que arrugaba la cara - 'Alguien está cociendo berza...'
Respiró hondo una vez más.
'Ooh'- Alguien hacía un pastel...
Sonriendo, casi sentía que podía paladearlo todo. Se apartó con la ventana y estirando el brazo la cerró muy despacio, como si no quisiera perturbar aquella sinfonía de olores.
De repente el sonido del teléfono le devolvió a la cocina.
-'¿Sí? ¡Hola! Hehehe...No te preocupes mamá... Ya he cenado.'
lunes 2 de marzo de 2009
Sin enseñar los dientes
Sabían que se verían durante aquella noche. Sabían que la gente cuchicheaba, intuyendo que algo extraño ocurría, que había algo sin resolver entre los dos.
Hacía mucho tiempo que no se veían. Cuando se vieron todo resultó un poco más extraño de lo que a veces suele resultar.
Se habían estado buscando toda la noche con la mirada, hasta que por fin se encontraron. Habría sido muy difícil decidir quién de los dos lo hizo primero, pero se regalaron una sonrisa el uno al otro, de esas sin enseñar los dientes, pero que muestran muchas otras cosas, quizás mucho menos superficiales.
Se acercaron. Él la abrazó con calidez, estrechándola. Ella agradeció el abrazo recostando la cabeza en su pecho durante un breve instante. Se separaron un poco, él sin despegar los brazos del talle de ella, casi rozando sus costados. Se contemplaron y volvieron a sonreir, adivinando sus pensamientos, totalmente cómplices.
El aire entre ellos estaba como cargado de estática.
Tenían mucho de qué hablar. Tenían mucho que hacer. Tenían mucho que sonreir.
Hacía mucho tiempo que no se veían. Cuando se vieron todo resultó un poco más extraño de lo que a veces suele resultar.
Se habían estado buscando toda la noche con la mirada, hasta que por fin se encontraron. Habría sido muy difícil decidir quién de los dos lo hizo primero, pero se regalaron una sonrisa el uno al otro, de esas sin enseñar los dientes, pero que muestran muchas otras cosas, quizás mucho menos superficiales.
Se acercaron. Él la abrazó con calidez, estrechándola. Ella agradeció el abrazo recostando la cabeza en su pecho durante un breve instante. Se separaron un poco, él sin despegar los brazos del talle de ella, casi rozando sus costados. Se contemplaron y volvieron a sonreir, adivinando sus pensamientos, totalmente cómplices.
El aire entre ellos estaba como cargado de estática.
Tenían mucho de qué hablar. Tenían mucho que hacer. Tenían mucho que sonreir.
jueves 19 de febrero de 2009
Taxi
Era otra noche en la que ella tenía el buen gesto de pasar la noche con él y con sus amigos. Era el cumpleaños de uno de ellos.
La cena fue copiosa. Risas. Chanzas. Muchas anécdotas. Rió con ganas. Participó de los juegos. Intentó portarse como una invitada modelo.
A la hora de volver a casa, un amigo de él les ofreció llevarlos en coche.
-¿Te acerco a casa?- la preguntó el amigo de él, mirándola a través del retrovisor. Entonces él dijo:
-No hace falta, la dejas al lado de mi casa que hay una parada de taxi y ya se coge ella un taxi hasta su casa.
Ella se calló la boca, y lo dejó pasar.
La cena fue copiosa. Risas. Chanzas. Muchas anécdotas. Rió con ganas. Participó de los juegos. Intentó portarse como una invitada modelo.
A la hora de volver a casa, un amigo de él les ofreció llevarlos en coche.
-¿Te acerco a casa?- la preguntó el amigo de él, mirándola a través del retrovisor. Entonces él dijo:
-No hace falta, la dejas al lado de mi casa que hay una parada de taxi y ya se coge ella un taxi hasta su casa.
Ella se calló la boca, y lo dejó pasar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
